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JUEVES 8 DE OCTUBRE DE 2015
PAGINA
Semanario Decano de General Alvarado
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AYER, HOY Y SIEMPRE
HugoW. Segovia
PRESBITERO
Mirar hacia todos los caminos
(II)
T
an cerca y tan lejos Cuba de Es
tados Unidos. Hizo falta la irrup
ción del papa Francisco para que
el mundo viera que pontífice es el que cons-
truye puentes, el ingeniero según el senti-
do etimológico.
Los signos hablan por sí solos. Jesús
quiso entrar en Jerusalén despojado de los
atributos de un guerrero triunfador y, por
eso, lo hizo montado en un animal domésti-
co: su victoria la obtendría por lamansedum-
bre. ¿No podemos leer el gesto del papa de
entrar enWashington en un Fiat 500 Lcomo
un eco de aquella entrada de Jesús en la ciu-
dad santa. Como también podemos pregun-
tarnos si las reiteradas recurrencias al drama
de los inmigrantes no tienen que ver con las
historia de la salvación que empieza con la
experiencia de un arameo errante.
Ha sido una sucesión asombrosa de pa-
labras y de gestos la que jalonó estos días
del papa en Estados Unidos, visitado repe-
tidas veces por Juan Pablo II y también por
BenecitoXVI en 2008. La capacidad de asom-
bro ha quedado desbordada ahora por el
viaje de un hombre que ha monopolizado la
opinión pública mundial como pocas veces
ocurre. Se ha dicho que habrá un antes y
un después en la vida de la Iglesia en el
país, pero no solo allí, sino en el mundo por
la preponderancia que tiene en el orden in-
ternacional que muchas veces depende de
sus decisiones.
Se calcula en setenta millones el número
de los católicos aunque en los últimos años,
y como consecuencia del espantoso proble-
ma de la pedofilia, sobre todo, ha habida
numerosas deserciones que, por otra parte,
han sido contrarrestadas por la creciente ola
de inmigrantes hispanoparlantes a los cua-
les, también, en este sube y baja, son atrapa-
dos, en importante medida por los cultos
pentecostales o por el Babel de oferta reli-
giosa propio de los tiempos que corren.
Ad intra y adextra
Un episcopadomuy numeroso, el segun-
do después del brasileño, compuesto por
457 obispos fue, en el Concilio Vaticano II,
decisivo para un tema como el de la libertad
religiosa del cual se pudo considerar líder
aunque menos abierto en otras cuestiones.
Ahora mismo no es fácil determinar su real
postura en temas controvertidos. La ruti-
lante figura del papa argentino hace difícil
una caracterización y no existen figuras re-
levantes como lo fueron otrora, destacán-
dose las de los cardenales Timothy Dolan,
arzobispo de Nueva York y Sean O’Malley,
de Boston, franciscano muy identificado
con el papa que lo ha convocado para for-
mar parte del Consejo de cardenales bauti-
zado como G-9.
El conflicto con la confederación de reli-
giosas ha sido otra de las estaciones del
Vía Crucis de los últimos años y, por ello,
ha sido tan significativo el párrafo que el
papa les dedicó en la catedral de NuevaYork
y que despertó un aplauso muy sugestivo
de parte de los participantes que, me pare-
ce, tenía que ver con el esfuerzo que Fran-
cisco les pedía para ubicarse en la dinámica,
de aceptación de los cambios que se espe-
ran de la vida consagrada (cfr, artículos de
15/1, 16/4 y20/8).
Pero, con toda la importancia que tiene
la vida interna de la iglesia, es indudable
que lo más resonante de este inmenso ba-
gaje de momentos inolvidables fueron las
exposiciones en el Capitolio y en la sede de
la Naciones Unidas que pasarán a los hitos
memorables, tanto de los Estados Unidos
como de la organización que cumple sus
setenta años.
Lamanoque apoyay anima
No es posible, con todo, no hacer men-
ción tanto de la canonización de frayJunípe-
ro Serra, el evangelizador español que llevó
el catolicismo a California en el siglo XVIII
como del VIIIº Encuentro mundial de las fa-
milias que tenía como sede a Filadelfia yque
fue la ocasión que posibilitó este viaje (cada
tres años se lleva a cabo en distintos lugares
y siempre ha contado con la participación
del papa; hasta que también, al finalizar cada
una, se convoca a la siguiente que esta vez
será en Dublin para 2018, la IX).
Si, casi con estupor, hablábamos del dis-
curso en Santa Cruz de la Sierra no es me-
nor el que experimentamos ahora con ese
discurso en el Capitolio. Si algo hacía falta
para romper el divorcio de la Iglesia con el
mundo de la modernidad bastaría la cita de
los cuatro referentes de la cultura yanqui
que fueron saliendo (muy en consonancia
con el modo que citamos de la uruguaya
Rosa, Ramos, en los artículos del 14/5 y9/7)
y que son como luminarias que marcan un
camino (y que tal vez muchas veces no nos
hemos animado a mencionar): el Lincoln de
la libertad, el Martin Luther King de los sue-
ños, la DorothyDay del compromiso social
y el Thomas Merton de la contemplación
no encerrada.
Como nos resulta tan expresiva la cita de
Martín Fierro nada menos que en ese tem-
plo de las naciones que es la sede de la
O.N.U. y que lo mostró como alguien que,
desde su identidad, logra alcanzar la cima
de la universalidad.
Me preguntaba también, entra tantas
otras cosas, cómo habrá hecho para expre-
sarse tan correctamente en inglés, con tan-
ta soltura (no lograba encontrar un parecido
con alguno de los grandes actores de los
años de oro del cine: ¿un poco el Bing
Crosby de «Las campanas de Santa Ma-
ría»? ¿O el Gregory Peck de «Las llaves del
reino»?, claro que con unos cuantos años
más…). O como le habrá tocado las entra-
ñas el canto de ese «duerme, duerme negri-
to» después de su discurso en la O.N.U.
Tendremos tiempo de seguir. Pero me que-
do con lo que les decía a los obispos: «el
papa los acompaña y ayuda, pone también
sumano vieja yarrugada pero gracias a Dios,
capaz todavía de apoyar y animar junto a
las de ustedes».